¿Ladrillos o Acciones?

En los países en desarrollo, los bienes inmuebles —especialmente las viviendas— han estado asociadas históricamente a frases como: “la vivienda nunca baja de precio“.

Con este soporte se ha mantenido la idea y la práctica de que el mejor valor refugio que puede tener una persona o una familia, es el ser propietario de una o varias viviendas. Si no eres un experto en finanzas, en evolución del valor de las empresas, en rentabilidades de bonos o en deuda de los países, con la afirmación anterior nos quedábamos confiados en que, sentados en nuestra casa, tranquilamente se iba a consolidar el ansiado patrimonio.

Sin embargo, ahora nos encontramos en tiempos donde la incertidumbre del porvenir crece. La esperanza de vida se ha alargado, el número de personas que se incorporan al retiro sigue aumentando, el porcentaje de personas que aportan fondos para que otras tengan un retiro disminuye respecto al crecimiento de personas incorporadas a esa jubilación. Además que los ingresos medios se estrechan en un mundo cada vez más automatizado en el trabajo. La conocida tranquilidad patrimonial de ser propietario de una vivienda cuyo valor, al menos nominal, nunca baja… ha parecido la panacea para nuestras preocupaciones sobre el futuro.

Ante los constantes y acelerados cambios vale le pena poner en revisión estos infalibles paradigmas acerca del valor de las viviendas, como nos ha avisado alguna de las últimas crisis económicas.

Al final, ¿la respuesta a un tema de tanta trascendencia será una equilibrada, meditada y prudente distribución del ahorro, según las posibilidades de cada uno, entre el ladrillo y las acciones u otras inversiones financieras?

En TASVALÚO conocemos lo que es para ti el valor de las cosas.

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